My passion...My country
My adoption's country
La felicidad es un pájaro que se posa en un minuto de nuestra vida y cuando levanta el vuelo... Sólo Dios sabe en qué otro minuto se volverá a posar.
Un senegalés, negro como un tizón, consigue en Marruecos un pasaporte más falso que el beso de Judas, hasta el extremo de que la foto que figura en el mismo es de Leonardo di Caprio.Con él, se dirige al paso fronterizo de Ceuta donde una pareja de la Benemérita monta guardia. El negro va hecho un flan, y cuando llega entrega al guardia el documento, completamente acojonado.El guardia lo observa, mira el pasaporte, mira al negro, mira al pasaporte, mira al negro, y así un rato. En un determinado momento se rasca la cabeza empujando el tricornio ligeramente hacia atrás, y le dice al negro:- Ezpere un momento.El guardia se dirige al lugar donde se encuentra el sargento y le dice:- Mire uzté, misarhento; uzté que e una persona etudiá y que ha vizto musho mundo, me puede desí: ¿er Titáni ze hundió o ze quemó?
Todo lo que siempre necesité saber, lo aprendí de mi Madre:
El nuevo padre de la parroquia estaba tan nervioso en su primer sermón, que casi no consigue hablar. Antes de su segundo sermón, el domingo siguiente, le pregunto al Arzobispo cómo podía hacer para relajarse. Este le sugirió lo siguiente: la próxima vez, coloque unas gotitas de vodka en el agua y va a ver que, después de algunos tragos, va a estar mas relajado.
una hacienda y robó doscientas cebollas. Antes de que pudiera huir, el dueño del lugar lo capturó y lo llevó ante el juez. El magistrado pronunció la sentencia: pagar diez monedas de oro. Pero el hombre alegó que era una multa demasiado alta y el juez, entonces, resolvió ofrecerle otras dos alternativas: recibir veinte latigazos o comerse las doscientas cebollas. El ladrón eligió comerse las doscientas cebollas.
Pero cuando llegó a la vigésimo quinta, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y el estómago le quemaba como el fuego del infierno. Como aún le faltaban 175 y se dio cuenta de que no aguantaría el castigo, pidió para recibir los veinte latigazos. El juez aceptó. Cuando el látigo golpeó su espalda por décima vez, él imploró que parasen de castigarlo, porque no soportaba el dolor. La petición fue obedecida, pero el ladrón tuvo que pagar las diez monedas de oro.
Yo sé que existo porque tú me imaginas.
En el altar de nuestro amor

Ayer desperté con el roce de tu piel,
Qué daría yo por ser suave y firme toque de pincel sobre el lienzo de tu piel
Di si encontraste en mi pasado
Dar por un querer La vida misma sin morir
Donde cada día se celebra un baile,
Un lugar lleno de paz,
Un lugar con una luna hermosa,
Un lugar repleto de fortuna,
1. Nadie es un completo ínutil... por lo menos sirve de mal ejemplo.
Virgen pura, hoy quiere Dios
Si en la tierra daros quiso
El amor vuestro y de Dios
El Padre os da la corona,
Alcanzáis, Virgen, de Dios


